volver Inicio > Rev. Piletas... > Tratamiento
Tratamiento
Los secretos del tratamiento shock del agua en piletas de natación

Tratamiento shock con cloro

Más de uno ha escuchado por ahí este consejo: "De vez en cuando, es necesario aplicar un tratamiento shock al agua de la pileta agregando una gran cantidad adicional de cloro para eliminar algas y otros contaminantes que, de lo contrario, podrían empezar a proliferar."
Y si este consejo se hubiera puesto en práctica, ¡seguramente estaríamos ante un terrible error!
Es cierto que conviene realizar periódicamente un tratamiento shock al agua de una pileta. Y también es cierto que se lo hace con cloro, aunque "una gran cantidad adicional" no es el mejor consejo a seguir en estos casos.
Pero la razón que se da para justificar un tratamiento shock es la parte más inexacta de una evaluación por lo general inexacta. Es cierto que realizar un tratamiento shock del agua puede ayudar a prevenir la proliferación de algas, pero en la práctica este tratamiento periódico se emplea para eliminar del agua los compuestos orgánicos que irritan a los nadadores y bañistas e impiden que el cloro lleve a cabo su tarea como desinfectante.
Es una práctica aceptada en la industria de las piletas recurrir a una "super" dosis de cloro para el tratamiento shock del agua, pero la razón exacta de esta costumbre está más bien en la química del agua.
Durante años, los operadores de las piletas de natación públicas han escuchado quejas de los nadadores de que "hay demasiado cloro en el agua", cuando, en rigor a la verdad, el problema era que había demasiado poco cloro.
El síntoma más notable de esta situación es el olor, ese olor desagradable a "cloro" que lo invade a uno en el momento de acercarse a la pileta, especialmente en una pileta pública bajo techo de uso intensivo e importante carga de bañistas.
Luego, una vez en el agua, se van sintiendo otros síntomas relacionados con esta misma situación: ojos enrojecidos y piel irritada. Y si, al igual que la mayoría del público, no se está al tanto de la manera en que trabaja el cloro para desinfectar el agua, se llega a la inevitable conclusión de que la culpa está en que hay demasiado cloro.
Sin embargo, si abre un bidón de blanqueador de cloro o cloro para piletas y lo huele, el olor es más bien fresco y limpio, nada que ver con el terrible aroma que lo invade en esa pileta pública. Tan sólo por eso, es evidente que algo diferente al cloro es el culpable detrás de esa piel irritada, esos ojos colorados y ese feo olor.
Y efectivamente, la culpa es de otra cosa. Se la puede llamar cloramina, o cloro combinado, o contaminación orgánica, o residuos de los bañistas, el hecho es que una pileta mal desinfectada contiene niveles irritantes de compuestos químicos que han de ser removidos antes de que se conviertan en un problema.
En el momento en que se agrega un compuesto de cloro al agua de una pileta, reacciona con el agua para formar ácido hipocloroso y el ion hipoclorito. Juntos, estos compuestos se conocen como "cloro libre disponible" o "cloro libre".
La principal razón para agregar cloro al agua de una pileta está en desinfectar o matar microorganismos posiblemente dañinos. Pero una vez que el cloro libre se junta con el amoníaco y los compuestos de nitrógeno para formar cloro combinado, pierde prácticamente su capacidad de desinfección. Al respecto, son necesarias 25 partes de cloro combinado para hacer el trabajo de 1 parte de cloro libre.
Liberar el agua de la presencia de cloraminas es un proceso de 3 pasos:
4 Determinar exactamente cuánto cloro combinado hay en el agua.
4 Calcular cuánto cloro o tratamiento shock es necesario agregar al agua para oxidar el cloro combinado.
4 Agregar la cantidad precisa de cloro o tratamiento shock.

El primer paso implica medir la cantidad de cloro combinado que hay en el agua. Para lograrlo, se debe usar un test kit capaz de indicar la diferencia entre cloro libre y cloro combinado. Básicamente, esto significa tener que usar un test kit DPD o una tira reactiva para realizar sus lecturas, ya que un test kit OTO no brinda esa información.
Al emplear el test kit DPD, primero se determina el nivel de cloro libre en el agua utilizando la pastilla DPD # 1. Luego de registrar la lectura, se agrega la pastilla DPD # 3 a la misma muestra, registrando el resultado. La segunda lectura es el nivel de cloro total en el agua. Si la lectura es más elevada que la lectura de cloro libre, la diferencia entre las dos lecturas representa el nivel de cloro combinado en el agua. Si las lecturas son iguales, no hay cloro combinado. El nivel de cloro total no puede ser inferior al nivel de cloro libre.
Una vez determinada la cantidad de cloro combinado que hay en el agua, para eliminarlo se debe agregar aproximadamente 10 veces esa cantidad de cloro libre.
En otras palabras, si el test revela que hay 1 ppm de cloro combinado en el agua, se deben agregar 10 ppm de cloro libre disponible en el agua para eliminarlo.
El proceso de cloración de punto de ruptura o de destrucción de residuos orgánicos en el agua se conoce como "oxidación".
En el momento en que se introduce cloro dentro del agua de una pileta de natación que contiene amoníaco, el ácido hipocloroso (cloro libre) comienza a oxidar rápidamente el amoníaco para formar un compuesto de cloro combinado denominado monocloramina.
A medida que se sigue agregando más cloro, la monocloramina es oxidada por el cloro adicional para formar dicloramina. Y cuando todavía se agrega más cloro libre, éste ataca u oxida la dicloramina para formar tricloramina. Finalmente, al seguir agregando más cloro, la tricloramina se descompone o se oxida en nitrógeno simple y sal cloruro, completando la cloración de punto de ruptura. Cualquier cloro que se agregue luego de este punto será cloro libre, siempre y cuando no ocurra una nueva contaminación del agua de la pileta.
La supercloración para alcanzar efectivamente el punto de ruptura, o sea la destrucción de todos los residuos orgánicos, puede ser algo muy difícil de lograr. Si no se agrega suficiente cloro, el problema del cloro combinado sólo puede empeorar. Cuando esto ocurre, el ardor de los ojos y la irritación de la piel no disminuyen, sino que aumentan a niveles muy elevados y muy molestos. Si se agrega demasiado cloro, posiblemente se necesiten días para bajar a niveles seguros (menos de 5 ppm) antes de que los bañistas puedan volver a usar la pileta.
Mediante un cálculo químico, se sabe que se necesitan 7,6 partes de cloro para oxidar 1 parte de amoníaco. Pero hay otros factores que afectan esta relación; por ejemplo, las materias orgánicas u otros productos presentes en el agua consumen algo del cloro agregado, de modo que 7,6 partes no son suficientes. Por razones de practicidad, es mejor agregar 10 partes de cloro por cada parte de amoníaco. El problema está en calcular exactamente cuánto de un determinado producto de cloro se necesita para lograr ese nivel de 10 ppm.
De todo lo explicado hasta ahora, uno se puede dar cuenta de que la supercloración no es algo sencillo. Para implementarla correctamente, no basta con agregar simplemente "algo" de cloro, lo cual probablemente para lo único que sirve es para empeorar las cosas. Es necesario calcular la cantidad que se requiere y agregar la dosis correcta.
Los tratamientos shock sin cloro están avanzando bastante en la simplificación del proceso. Usando unos compuestos químicos denominados monopersulfatos, estos productos oxidan los contaminantes sin pasar a través de la secuencia química mono- , di- y tricloramina. De manera que se los puede agregar en una relación 1 a 1, o sea que cada kg de producto agregado oxida 1 kg de contaminante.
Los tratamientos shock sin cloro son un poco más costosos que los compuestos de cloro, pero eliminan gran parte del tiempo que la pileta está sin usarse, ya que trabajan rápidamente y no requieren tiempo para disiparse.

volver subir
 
2005-2008 © Soluciones en Control S.R.L.